Foto: Bigcrassh Era un coleccionador de palabras. Devoraba los libros en su búsqueda y subrayaba la que para él era desconocida, una vez terminada la afanosa tarea, con su pluma fuente y perfecta caligrafía, la trazaba en la cama de celulosa que había dispuesto para ella. Esperaba paciente a que la humedad convertida en tinta se secara y antes de que marchitase la colocaba en el techo de su alcoba para que fuera atraída por las que se encontraban conformando ese universo de misteriosos significados y conceptos. En un principio no buscaba el concepto de su nueva aventura, en lugar de ello, se dedicaba a admirarla en su superficie y extasiado contemplaba la figura que hacía la unión de sus letras, y con sus ojos cerrados, dibujaba con sus dedos el delicado contorno que trataba de descifrar, así, en el misterio, comenzaba a amarla. Lo hacía de esta manera porque él no quería decepcionarse con el primer encuentro. Sabía que existían palabras que contenían en su interior, ...