DEFENSA
Arte: Christian Schloe Lo encontraron muerto en un barco pesquero. El olor a amoniaco delató su cuerpo. Tenía la piel blanda y las escamas se desprendían sin problema de su carne putrefacta. Sus ojos eran cataratas y grises sus pupilas. Amarillentas estaban sus agallas y su tripa era flácida y estaba hundida. En las investigaciones identificaron a aquella que lo había matado. Era una sirena con olor a mar, la asesina. —¿Por qué lo mataste? —Le preguntó el inspector con sus tenazas señalándola. —Porque dijo que mi sexo olía a pescado.